viernes, 8 de marzo de 2013

Sin perdón Mawarí



Solo me mueve la venganza para escribir esto así que pagaré con la misma moneda que he recibido y la agraviante sentirá toda la furia de mis letras. Te la tengo jurada Mawarí Basanta. 

Debo empezar dando a conocer sus actos más inescrupulosos: es adicta a los libros, la he observado inhalándolos cuando son nuevos, acariciando las páginas hasta la punta para dejarlas atrás y continuar con la siguiente, casi incansablemente, vicio que lleva a la par con el cigarro y el café. 

Es que a Mawarí eso de ser periodista se la metido en la piel y sobre todo en la yema de los dedos con que teclea las más verídicas crónicas o las más reveladoras entrevistas, y esta sinceridad sin medias tintas la ha hecho acreedora de halagos ruborizantes pero también de insultos hasta declararla persona non grata en un pueblito del estado Bolívar. 

Como  me toca estar en el génesis de sus artículos, pues cuando me asignan soy su chofer y fotógrafa, tengo la oportunidad de corroborar la veracidad de sus textos. En esto no he hallado fallo alguno, son ciertos y a pesar de trabajar en el lado más suave del periodismo, el de cultura,  ni esto hace que se le ablande el cuero. Traza los verbos, analogías o cualquier recurso literario sin mucho eufemismo, describiendo cada detalle para terminar pintando una obra hiperrealista del hecho.

Con descaro admite en su biografía que lo de ella “es escuchar historia” pero es que no se queda ahí, también las cuenta así que si alguna vez les toca ser entrevistado por Mawarí dese por descubierto. Pregunta sin pudor y el pobre blanco de sus planes textuales siente la confianza para contar sus penas, éxitos, secretos y hasta la comodidad de echar una “lloraíta”. 

Yo he sido espectadora silente de esto, no me queda más remedio que tomar mi cámara y retratar a los incautos que se dejan convencer por la naturalidad con que Mawarí los aborda, los que eventualmente la llamarán para felicitarla (cosa que pasa con mucha frecuencia) o  amenazarla por mostrar la moneda tanto en cara como en cruz de algún entrevistado. 

Pero conmigo Basanta a sobrepasado los límites, se tomó un tiempo más de lo acostumbrado. Aprovechó cada recorrido a las pautas, esperas en las sillas de alguna institución, obra de teatro, presentación en que la acompañé obligada por mi jornada laboral, incluso en algún improvisado almuerzo para sacarme todas mis verdades, averiguar mis gustos y al fin exponerlo en una entrevista para que toda Guayana los leyera. "Las múltiples facetas de una periodista"

Pensé que era una amistad sincera, pero te he descubierto y así se lo hago saber por lo menos a unos pocos.


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