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Como respuesta a mi Crónica del primer beso él no pudo quedarse atrás así que decidió mandarme en sus ocurrentes palabras este texto. Quizá debí publicarla en aquel tiempo donde la palabra novio no tenía el prefijo de "ex", sin embargo fue grato encontrar este mail cuando buscaba una información por esa costumbre horrible que tengo de acumular correos electrónicos.
Al
llegar a tu casa me provocó estropear todo y besarte, no sabes lo que
me costó no hacerlo, estar ante ti despierta muchísimas cosas en mí,
luego mientras transcurría la tarde y fuimos acercándonos cada vez más,
me sentía volando.
Cuando
nos sentamos en el sofá te juro que sentí en un gran compromiso, me
preguntaba a dónde llevaría la noche. Estábamos ahí, cada vez más cerca,
las manos buscaban caminos con alcabalas, mis ojos hacían yoga para ver
a los tuyos sin que se me notara el desastre de mi sistema nervioso y
que tampoco notaras que no sólo te veía los ojos.
No
fue fácil, tuve que consentirte, y emprender un viaje de caricias,
contando con la noche, la radio, la soledad. Poco a poco me fui
acercando, tenía un miedo gigante, el corazón parecía que me iba a
explotar, la verdad es que tuve que hacer milagros para que las caricias
no fuesen tan toscas porque las manos me temblaban.
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El
primer abrazo fue síntoma de salud para mis intenciones, pero no había
garantía de nada. No era fácil pero era imposible detenerme, buscaba
algo, pero de ahí a saber sí me iría de tu casa con un beso o una
cachetada era imposible, me deje llevar poco a poco, cosa que fue
difícil porque estabas bellísima ese día, de hecho, te lo dije al
llegar. Luego de tanto sufrir, cuando llegó el momento de tenerte entre
mis brazos y que te recostaras de mi, mis dudas sobre la recompensa
crecieron todas por igual, no me sentía con el ticket ganador, más bien
me sentía con uno al que se le borraron unos números y debía esperar al
final para verificar y ver si gané, no había manera de saber que venía,
pero lo que si estaba pasando era que me sentía en un estado de ebriedad
en el que me costaba coordinar, pero lo disfrutaba.
Disfruté
de la vista: tú en mis brazos, en paz, olía tu piel y tus cabellos. Te
daba besitos de prueba para ver cuando ibas a detenerme y cuando no lo
hiciste me puse más nervioso aun. Luego estaba tan cerca de tus labios
pero tenía presente que podías decir que no. Eran segundos de ahí a lo
que más quería en ese momento (un beso), pero parecían días, estaba
decidido pero petrificado. Recordé que lo intenté temprano y me sentí de
goma; reboté, eso me puso peor, no quería arruinarlo, así no nos
besáramos, tenerte ahí era especial, hubiese querido paralizar todo, que
no acabara.
Bueno,
me decidí a averiguar si mis superpoderes que me convertían en el
superantihéroe de goma se habían ido y con toda la atmosfera de esa
noche lo intenté. En ese momento descubrí tu aliento, la suavidad de tus
labios, el sabor que tienen tus besos. Sentí un fuego en el pecho
mezclado con hielo, es una sensación rarísima, pero la disfruté como no
lo imaginas. Luego verte a los ojos y volver a besarte fue el típico
momento en el que pides a Dios no estar soñando.
Y
no podía hacer nada más que seguir, sufrir y disfrutar, por eso el beso
pasó de ser mi acción para ser la tuya, no fue fácil, y cuando llego el
momento se me olvidó hasta que me gusta la música y la fotografía.
Lo
único en mi mente era pensar que hora era, como mi abuela: ella está
almorzando y va pensando en la cena, o sea, estaba en el MEJOR BESO DE
MI VIDA y no dejaba de pensar en que tenía que irme en algún momento,
luego y como te dije, al terminar el primer beso, ver tus pupilas
dilatadas cerrándose al abrir tus ojos fue la respuesta al ticket
ganador, en cada instante en que tus pupilas.
Luego
cuando seguimos dándole forma a más y más besos quise convertirme en
NEO y aunque sea detener el reloj un poco más de tiempo, no era justo
para mis inconformes ganas que el sol saliera tan pronto.
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