El primero de junio del 2010 me robaron mis ojos, la memoria inmediata que capturaba momentos para siempre, mi herramienta de trabajo, mi esfuerzo... mi cámara fotográfica, una Canon 40D. Junto con ella se fue el carrito de mis papás, el fiita Uno a quien cariñosamente apodamos "Pichirilo José Junior".
Fue un robo inalámbrico. Estaba abriendo el portón de la casa para guardar a Pichi, en eso los malandros llegaron en un carro, se colocaron detrás y bajó un tipejo mostrándome su instrumento de trabajo (un arma), la ojee de lejitos y le creí que fuera de verdad. Se montó en mi carrito y pluf: desapareció. No hubo necesidad de contacto, y sólo me dijo tres palabras: dónde está la... yo no lo dejé terminar diciéndole que todo estaba en el carro; me creyó.
"Todo estaba en el carro" mi trabajo, mi esfuerzo, mi ingreso. Quedé viva, y le agradezco a Dios por eso. "Lo material se recupera" es así como dicen y sé que es verdad pero uno al fin y al cabo termina agarrándole cariño a las cosas y cuesta recuperse a unos más que otros.
Este relato es como la barajita repetidisima que tenemos la mayoría de los venezolanos, contar mi historia y ponerme dramática me parece algo tonto, hay gente que ha sufrido un robo peor y otros que no pudieron ni contarlo.
Sólo quiero decirle estas palabras de amor, paz y perdón al delicuente: Ojalá que "#$#$%&$/&"#$!°#! tú y todos tus !"#$"#&%$/&$%/$%&#$ el "$%#&/%/(($&#$!"#$"!!!!!!
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