Me gradué de periodista, desarrollé habilidades en la fotografía, ya puedo reconocer un pimentón de un pepino, en resumen: he evolucionado como ser humano y alguien que tiene tiempo sin verme lo primero que me dice es: "Estás más gorda". Ahí uno agradece no habérselos topado en todo este tiempo.
Ok, si me lo dijera Angelina Jolie que se la pasa adoptando niños camboyanos y que ademas (sin tetas y todo) está mejor con los años, bien, podría soportarlo un poco. Pero lo certifica un "care tabla" que está tan o más gordo, viejo, feo que tú. Tal es su viga en el ojo que no lo deja verse en un espejo.
¿Qué pretenden que responda? "¿En serio, estoy más gorda?... ya va... déjame vomitar para perder unos kilos y que puedas ¡SALUDARME MEJOR!".
Supongo que a los "saludantes imprudentes" les dará placer ver que se nos ha ido del rostro o del cuerpo aquella juventud vigorosa y en cambio portemos el rostro de la experiencia moldeado por el riesgo que hemos tomado al vivir. No se les ocurrirá otra cosa que descargar toda su idiotez con comentarios superficiales.
Pero no todo es malo, hay quienes me elogian por mi belleza pero condenan mis kilos de más. "Chica, tú tan bonita ¿por qué te dejaste poner así?". Pareciera que si fuera fea qué más da, ya todo estaría perdido, en cambio yo tengo salvación adelgazando, para mi hay una esperanza ¿De qué? no sé.
... Grrrr...
domingo, 9 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
La zorra
- Hola ¿Cómo está usted? - saludé cordial y respetuosamente a un médico conocido.
- Bien, bien. Que bella estás, pareces una zorra.
- ¿Ah? - mi rostro se transfiguró en una expresión de desconcierto.
- Sí, bueno, una zo zorra -, tartamudeó apenado el galeno. - O sea, como el Zorro, Don Diego de la Vega. Digo porque estás vestida de negro.
- Ah, ok.
Detrás estaba su esposa, un poco alejada pero escuchando todo y por esa inteligencia que tenemos las mujeres de argumentar muy bien, salió al rescate.
- Tranquila querida, él es así. Cuando estudiabamos juntos y me estaba pretendiendo dijo que parecía una Escherichia coli porque traía un vestido lila, justo el color con que se ve la bacteria en el microscopio.
- Bien, bien. Que bella estás, pareces una zorra.
- ¿Ah? - mi rostro se transfiguró en una expresión de desconcierto.
- Sí, bueno, una zo zorra -, tartamudeó apenado el galeno. - O sea, como el Zorro, Don Diego de la Vega. Digo porque estás vestida de negro.
- Ah, ok.
Detrás estaba su esposa, un poco alejada pero escuchando todo y por esa inteligencia que tenemos las mujeres de argumentar muy bien, salió al rescate.
- Tranquila querida, él es así. Cuando estudiabamos juntos y me estaba pretendiendo dijo que parecía una Escherichia coli porque traía un vestido lila, justo el color con que se ve la bacteria en el microscopio.
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miércoles, 5 de junio de 2013
La rebelión de las llaves
La ley de gravedad hizo de mi infancia un blanco para los regaños de mi madre porque se me caían las cosas y rompía todo. Otro motivo era mi despiste y capacidad para perder sobre todo las llaves.
Han pasado los años y ya controlo mejor la gravedad, le he agarrado el truco, pero aún pierdo las cosas y las llaves siguen siendo el motivo de mis más prolongadas búsquedas domésticas. Es tan frecuente que estoy comenzando a sospechar que no es casual y he formulado mi teoría al respecto.
Una de ellas es que justo antes de dejar las llaves en algún lugar veo a un extraterrestre, para no poner en riesgo la seguridad de la nación vienen los Hombres de Negro con su Neutralizador para borrarme la memoria.
La otra - y la que más cobra fuerza - es que las cosas de la casa, y por supuesto las llaves, tienen vida propia. Le damos tanta importancia que adquieren ciertas propiedades sobrenaturales. Además, con respecto al mencionado instrumento, hacemos analogías poderosas como lo escribió Juan Luis Guerra en una de sus canciones: "Tú tienes la llave de mi corazón" o San Pedro a quien se le otorgó las llaves del cielo.
Por eso supongo que mis llaves tienen una conspiración, sobre todo porque suelo colocarles llaveros horribles. Admito que no me preocupo de lo que está en boga para llaves. Desde el trillado arnés de plástico que siempre se daña hasta una chapa con un destapador atrás que nunca uso, y la verdad no es nada estético.
Supongo que algunas estarán ofendidas porque las confundo siempre; como la de la puerta del frente con la de atrás. No debe ser fácil tratar de entrar en una cerradura que no es tuya, es algo íntimo, por más que sea.
Estoy segura de que mi llave espera justo la hora donde digo: "estoy retrasada" y ahí comienza su venganza. Se esconde por un buen tiempo, tanto para hacerme llegar tarde. Luego aparece muy obvia, donde debió estar siempre, poniendo en riesgo mi imagen de cordura y malponiéndome ante los demás miembros de mi hogar que me miran con desconfianza.
También debemos saber que hemos establecido clases sociales entre llaves. Las menos importantes son las que tienen un llavero que nos han regalado en una ferretería, de propaganda política o un regalo de consuelo de algún producto, en resumen: material POP. Son a las que menos recurrimos, como las del deposito, no es extraño que cuando no las necesitamos estén por ahí a la vista de todos en la casa, pero justo cuando la buscamos desaparecen, quizá por resentimiento.
Las llaves del carro usan otra estrategia, como esconderse en el rincón menos accesible de la cartera. La verdad es que se turna con el celular, dependiendo cuál de los dos esté buscando con más urgencia. Pero de eso hablaré en otra oportunidad.
Han pasado los años y ya controlo mejor la gravedad, le he agarrado el truco, pero aún pierdo las cosas y las llaves siguen siendo el motivo de mis más prolongadas búsquedas domésticas. Es tan frecuente que estoy comenzando a sospechar que no es casual y he formulado mi teoría al respecto.
Una de ellas es que justo antes de dejar las llaves en algún lugar veo a un extraterrestre, para no poner en riesgo la seguridad de la nación vienen los Hombres de Negro con su Neutralizador para borrarme la memoria.
La otra - y la que más cobra fuerza - es que las cosas de la casa, y por supuesto las llaves, tienen vida propia. Le damos tanta importancia que adquieren ciertas propiedades sobrenaturales. Además, con respecto al mencionado instrumento, hacemos analogías poderosas como lo escribió Juan Luis Guerra en una de sus canciones: "Tú tienes la llave de mi corazón" o San Pedro a quien se le otorgó las llaves del cielo.
Por eso supongo que mis llaves tienen una conspiración, sobre todo porque suelo colocarles llaveros horribles. Admito que no me preocupo de lo que está en boga para llaves. Desde el trillado arnés de plástico que siempre se daña hasta una chapa con un destapador atrás que nunca uso, y la verdad no es nada estético.
Supongo que algunas estarán ofendidas porque las confundo siempre; como la de la puerta del frente con la de atrás. No debe ser fácil tratar de entrar en una cerradura que no es tuya, es algo íntimo, por más que sea.
Estoy segura de que mi llave espera justo la hora donde digo: "estoy retrasada" y ahí comienza su venganza. Se esconde por un buen tiempo, tanto para hacerme llegar tarde. Luego aparece muy obvia, donde debió estar siempre, poniendo en riesgo mi imagen de cordura y malponiéndome ante los demás miembros de mi hogar que me miran con desconfianza.
También debemos saber que hemos establecido clases sociales entre llaves. Las menos importantes son las que tienen un llavero que nos han regalado en una ferretería, de propaganda política o un regalo de consuelo de algún producto, en resumen: material POP. Son a las que menos recurrimos, como las del deposito, no es extraño que cuando no las necesitamos estén por ahí a la vista de todos en la casa, pero justo cuando la buscamos desaparecen, quizá por resentimiento.
Las llaves del carro usan otra estrategia, como esconderse en el rincón menos accesible de la cartera. La verdad es que se turna con el celular, dependiendo cuál de los dos esté buscando con más urgencia. Pero de eso hablaré en otra oportunidad.
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martes, 4 de junio de 2013
El jurado
Soy detractora de los concursos de belleza porque exaltan el antivalor de la banalidad, por algo es un pecado capital, sin embargo para quienes vivimos en Osmelzuela sabemos ninguna mujer escapa a la presión social por el estigma de ser "el país de las mujeres hermosas".
Pero hay cosas más importantes que trascienden la apariencia, aquello que llevó al Zorro a decirle al Principito que "lo esencial es invisible a los ojos" y eso que admitió Lord Henry en el Retrato de Dorian Gray: "El genio dura más que la belleza".
A pesar de toda esta habladería comeflor, mi trabajo a veces no comparte mi punto de vista. No me quedó más remedio que ir cubrir el concurso de belleza Mini "loqueseaquesemeolvidó". Agarré mi cámara con toda la predisposición porque, ver a niñas maquilladas y actuando como mujercitas en miniatura, me hace pensar en todos los pedófilos que pueden estar viendo semejante espectáculo y eso me crispa ¡iaks!
Esperaba que comenzara el evento - que debería prohibir la Lopna -, así me que acerqué a una silla para poder descansar. La animadora, a quien conocía, estaba presentado a los jueces. Nombró a cada uno de los integrantes hasta llegar a mi... cómodamente sentada en la mesa del jurado.
- También tenemos a Lesly Adelayla (mi nombre de usuario de twitter). Fotógrafa del Diario Primicia. El jurado esta noche la tiene difícil, todas son bellísimas y talentosas - dijo improvisando muy bien.
Todo los espectadores aplaudieron y las candidatas entre 6 a 17 años comenzaron su acto. No había vuelta atrás, ya era parte del jurado.
En la pasarela las más pequeñas se tongoneaban torpemente como Bambi recién nacido, tratando de imitar a tops model anoréxicas. Algunas lanzaban besos, picaban los ojos llenos de sombra y pestañas postizas, meneando los cabellos con olor a laca y Shampoo Chicco.
Pero hay cosas más importantes que trascienden la apariencia, aquello que llevó al Zorro a decirle al Principito que "lo esencial es invisible a los ojos" y eso que admitió Lord Henry en el Retrato de Dorian Gray: "El genio dura más que la belleza".
A pesar de toda esta habladería comeflor, mi trabajo a veces no comparte mi punto de vista. No me quedó más remedio que ir cubrir el concurso de belleza Mini "loqueseaquesemeolvidó". Agarré mi cámara con toda la predisposición porque, ver a niñas maquilladas y actuando como mujercitas en miniatura, me hace pensar en todos los pedófilos que pueden estar viendo semejante espectáculo y eso me crispa ¡iaks!
Esperaba que comenzara el evento - que debería prohibir la Lopna -, así me que acerqué a una silla para poder descansar. La animadora, a quien conocía, estaba presentado a los jueces. Nombró a cada uno de los integrantes hasta llegar a mi... cómodamente sentada en la mesa del jurado.
- También tenemos a Lesly Adelayla (mi nombre de usuario de twitter). Fotógrafa del Diario Primicia. El jurado esta noche la tiene difícil, todas son bellísimas y talentosas - dijo improvisando muy bien.
Todo los espectadores aplaudieron y las candidatas entre 6 a 17 años comenzaron su acto. No había vuelta atrás, ya era parte del jurado.
En la pasarela las más pequeñas se tongoneaban torpemente como Bambi recién nacido, tratando de imitar a tops model anoréxicas. Algunas lanzaban besos, picaban los ojos llenos de sombra y pestañas postizas, meneando los cabellos con olor a laca y Shampoo Chicco.
No pude mantener mi postura feminista defensora de los derechos de los niños y adolescentes. Al final me poseyó el espíritu Osmelistico - de lo que no me siento orgullosa - y comencé a evaluar.
- Ay no, esta camina mal. Esta es bonita, tiene linda sonrisa. Eso pelos, no, no, no. Esta todos los punto: actitud, buena pasarela, rostro - disertaba mientras iba colocando de 1 a 5 puntos máximo.
Antes de dar los resultados le hicieron una última pregunta a una de las candidatas.
- ¿Cuál es tu mayor sueño?
- Ser una gran comunicadora social - respondió sonriente batiendo su cabello hacia un lado.
Ahí volví de mi estado letárgico. Quise decirle a mi futura colega que para ser animadora de Portadas o La Bomba no hacía falta estudiar tanto, pero si quería ser exitosa en esta carrera, que bajara de esos tacones, limpiara su cara llena de maquillaje y en vez de hacer ejercicios de equilibrio con un libro lo leyera. Igual no ganó nada, espero que con eso se enfoque en cumplir su mayor sueño.
- Ay no, esta camina mal. Esta es bonita, tiene linda sonrisa. Eso pelos, no, no, no. Esta todos los punto: actitud, buena pasarela, rostro - disertaba mientras iba colocando de 1 a 5 puntos máximo.
Antes de dar los resultados le hicieron una última pregunta a una de las candidatas.
- ¿Cuál es tu mayor sueño?
- Ser una gran comunicadora social - respondió sonriente batiendo su cabello hacia un lado.
Ahí volví de mi estado letárgico. Quise decirle a mi futura colega que para ser animadora de Portadas o La Bomba no hacía falta estudiar tanto, pero si quería ser exitosa en esta carrera, que bajara de esos tacones, limpiara su cara llena de maquillaje y en vez de hacer ejercicios de equilibrio con un libro lo leyera. Igual no ganó nada, espero que con eso se enfoque en cumplir su mayor sueño.
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domingo, 2 de junio de 2013
Mentira
Amanda Miguel no escatimó en gañote para cantar “Mentiras solo en eran mentiras palabras al vientoooo” y es que provoca dejar en evidencia en voz alta –así sea pegando berridos en una canción- a alguien que nos ha mentido. Los peores son aquellos escultores que con dedicación han moldeado la farsa y nos han vendido una balurda copia de la verdad, que obviamente se corroe u oxida con el tiempo.
A lo mejor "vulnerable" no sea un buen término para describir lo que sentimos cuando descubrimos una mentira sin embargo es lo que experimento cuando se revela todo. Como cuando de niña dormía con mis padres y me levantaba en la mañana acostada en mi cama. Pensaba estar durmiendo en una protectora compañía y luego era consciente de que estuve 8 horas sola, 8 horas engañada.
Podría molestarme, guardar un eterno rencor por aquella persona desalmada, pero realmente
el más herido en esta situación es mi ego ¿Qué pasó con mi suspicacia, inteligencia,
astucia? han violado todo mi sistema de seguridad ¿Cómo no te diste
cuenta antes Lesly? Por lo que termino molesta por partida doble: con el engañador y conmigo. Sin embargo con mi prójimo (farsante, hipócrita, desleal) suelo practicar el perdón, es un excelente valor cristiano; odiar es una carga muy pesada y como dice Danny en la película American History X "La vida es demasiado corta para estar enojado todo el tiempo". Eso no significa que confíe inmediatamente en el engañador, o que lo vuelva a hacerlo.
En lo que respecta a mi, aunque provoque - por esa porción de bipolaridad que todos tenemos - no puedo dejar de dirigirme la palabra, ni dejar de confiar en mi. Pero he aprendido a amarme y por consecuencia a perdonarme. Además de mantener mi mente ocupada en atar cabos acompañados por frases de "con razón, ahora entiendo todo" y vamos ¿Quién no ha sido engañado como un niño, de ese que esperan que se duerma para pasarlo a su cama?
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