miércoles, 5 de junio de 2013

La rebelión de las llaves

La ley de gravedad hizo de mi infancia un blanco para los regaños de mi madre porque se me caían las cosas y rompía todo. Otro motivo era mi despiste y capacidad para perder sobre todo las llaves.

Han pasado los años y ya controlo mejor la gravedad, le he agarrado el truco, pero aún pierdo las cosas y las llaves siguen siendo el motivo de mis más prolongadas búsquedas domésticas. Es tan frecuente que estoy comenzando a sospechar que no es casual y he formulado mi teoría al respecto.

Una de ellas es que justo antes de dejar las llaves en algún lugar veo a un extraterrestre, para no poner en riesgo la seguridad de la nación vienen los Hombres de Negro con su Neutralizador para borrarme la memoria.

La otra - y la que más cobra fuerza - es que las cosas de la casa, y por supuesto las llaves, tienen vida propia. Le damos tanta importancia que adquieren ciertas propiedades sobrenaturales. Además, con respecto al mencionado instrumento, hacemos analogías poderosas como lo escribió Juan Luis Guerra en una de sus canciones: "Tú tienes la llave de mi corazón" o San Pedro a quien se le otorgó las llaves del cielo.

Por eso supongo que mis llaves tienen una conspiración, sobre todo porque suelo colocarles llaveros horribles. Admito que no me preocupo de lo que está en boga para llaves. Desde el trillado arnés de plástico que siempre se daña hasta una chapa con un destapador atrás que nunca uso, y la verdad no es nada estético.

Supongo que algunas estarán ofendidas porque las confundo siempre; como la de la puerta del frente con la de atrás. No debe ser fácil tratar de entrar en una cerradura que no es tuya, es algo íntimo, por más que sea.

Estoy segura de que mi llave espera justo la hora donde digo: "estoy retrasada" y ahí comienza su venganza. Se esconde por un buen tiempo, tanto para hacerme llegar tarde. Luego aparece muy obvia, donde debió estar siempre, poniendo en riesgo mi imagen de cordura y malponiéndome ante los demás miembros de mi hogar que me miran con desconfianza.

También debemos saber que hemos establecido clases sociales entre llaves. Las menos importantes son las que tienen un llavero que nos han regalado en una ferretería, de propaganda política o un regalo de consuelo de algún producto, en resumen: material POP. Son a las que menos recurrimos, como las del deposito, no es extraño que cuando no las necesitamos estén por ahí a la vista de todos en la casa, pero justo cuando la buscamos desaparecen, quizá por resentimiento.

Las llaves del carro usan otra estrategia, como esconderse en el rincón menos accesible de la cartera. La verdad es que se turna con el celular, dependiendo cuál de los dos esté buscando con más urgencia. Pero de eso hablaré en otra oportunidad.


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