viernes, 19 de abril de 2013

La Ventana



Hace un mes hice un curso de narrativa de cuentos, este es uno de mis ejercicios
 
Muchacha en la ventana de Salvador Dalí
Si los ojos son las ventanas del alma las de Manuel eran marrones oscuras como el café tostado, y por una pequeña rendija podía observarse una sala sin muebles para sentarme, sin portarretratos en el buró y ni pensar de una cama donde arder en pasión. Una gran casa vacía e incómoda.

Por todo lo demás, me sorprendía su manera para traducir mis gustos en regalos o atenciones, como si secretamente anotara todo lo que le comentaba en una libreta. - Lee este libro, sé que te gustará- decía colocándolo sobre la mesa de noche. Nunca erraba en sus predicciones. Le fascinaba cuando luego de comerme la lectura yo lo veía con una emoción incontenible por quedar satisfecha. Así con alguna canción o película.

Estar molesta con Manuel era casi imposible. La clarividencia para comprender el conflicto era admirablemente chocante. Buscaba la solución donde los dos quedábamos medianamente satisfechos y proseguíamos tranquilamente con nuestra relación entre perdones u olvidos.

Cuando dijo: -Sí, acepto- Era el momento para darme cuenta. Lo miré fijamente pero no percaté que era mi amor el que se reflejaba en sus ojos - ni yo sabía que lo amaba tanto -. Pero ¿cómo dudar? Me tocaba como si fuese una orquesta: ponía en armonía todo mi cuerpo. Una caricia en mi espalda, un solo de flauta trasversa, su boca besando mi ombligo, ahora las cuerdas, trombones, percusión. Y en el climax buscaba su mirada para que viera mi delirante alegría. Ni por casualidad sus ojos se tropezaban con los míos.

Sentía tanta admiración por mi trabajo que me avergonzaba. A penas sus amigos entraban a nuestro apartamento él de inmediato le mostraba mis cuadro. Una vez, en una pequeña fiesta por mi cumpleaños, no cesó de alabar las pinturas que había hecho para la sala. Yo reía apenada y lo miraba, él bajaba la vista a mis labios y me besaba dulcemente.

Un amigo se nos acercó para unirse al halago de mis obras y aprovechar de presentarnos a su novia. Apenas Manuel la vio se abrieron sus ventanas de par en par. Los muebles eran de gamuza, en el buró no cabía una fotografía más. Una cama con sábanas sedosas. La ducha con agua caliente y una cocina con la cena servida. Una gran casa con todas las comodidades. Manuel la vio a los ojos, estrecharon manos, luego me tomó por la cintura y me presentó: - Esta es mi esposa ¿Ya viste sus cuadros? Cualquiera creería que vio clases con el mismo Monet pero pinta con la rebeldía de Van Gogh -.

Un fuego intenso penetró mi abdomen y me recorrió el pecho. Su vista se iba a posar nuevamente en mi boca para besarme dulcemente, pero impresionado se detuvo en mis ojos. Vio resquebrajarse las paredes mientras iban dibujándose graffitis como quién hiciera un gran acto de vandalismo. Él mismo se observó en el espejo de peinadora, vio como iba se transformando en una figura de cerámica: fría, tiesa, sin vida hasta quebrarse. Se inundaron todos los cuartos y derramé una disimulada lágrima. - Gracias por la visita. Hasta luego. Un placer. Vuelvan pronto. – El ruido se redujo y los dos nos quedáramos en un eterno silencio.

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