Los familiares del fallecido lloraban a su muerto y
se abrazaban, los policías hablaban en otra esquina esperando alguna orden para
partir. Ya había hecho las fotos respectivas así que mientras esperaba que el
periodista hiciera sus últimas entrevistas me quedé cerca del carro.
– Hola mi
amol – me abordó uno de los policías.
– Hola,
dígame – respondí pensando que me diría algo respecto al caso.
– Mira, mis
compañeros y yo estabanos discutiendo ¿no? Y llegamos a la conclusión de que te
pareces a una lobita siberiana… pol los ojitos mamita.
– ¿Gracias? – dije extrañada.
– ‘Ta luego
mami.
En este país tropical nadie se escapa de un apodo.
Obviamente no he salido ilesa de esa costumbre criolla, pero siempre me han
comparado con algún felino, con un perro – hasta ese momento- nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario