sábado, 14 de diciembre de 2013

Jugando gomita

Ernesto fue mi segundo novio - si es que en la pubertad a ese tipo de relaciones se les puede llamar noviazgo - y la verdad no le resultó tan difícil conquistarme, a esa edad no tenía mucho criterio.

Él tenía 17 años, era un roquerito típico de los noventa: con ropa negra, una camisa manga larga de cuadros amarrada en la cintura y un aro en su oreja.

No logro recordar por qué me gustaba, supongo que me prestó atención y esa inseguridad adolescente no permitía que tuviera estándares más altos. Además era un "chico malo" y parafraseando a Claudio Nazoa: "No hay cosa que le guste más a una mujer que un hombre que no le convenga".

Me escapaba a la manzana de arriba para verlo y hablar con nuestros amigos, todos ellos parte de una banda de garaje que nunca duraba más de un mes o se unían cuando había un toque, es decir, esa clase de reunión social que consistía en un dichoso hijo con sus padres de viaje, que agarraba la casa para armar el templete con toda la mala junta y "tripear" agitando las cabezas al ritmo de un rock de segunda mano, covers mal logrados o canciones propias compuestas por el intenso de la banda.

Era una relación relajada. Si me decía que era fiel, le creía, no había facebook para supervisar cualquier actividad anormal. Si me decía que no me pudo llamar porque pasó todo el día fuera de su casa, pues no había nada que reclamar, los celulares no estaban popularizados. No nos veíamos todos los días porque vivía en otro sector, no tenía carro y tampoco dinero para gastar en transporte.

Supongo que en una de esas caminatas por el sector, Ernesto pasó con una amigo al frente de una escuela. Los niños camisa blanca jugaban divertidamente gomita en el patio, hasta que el pana le dijo:
- Ernesto ¿Esa chamita que está allá jugando no es tu novia?

Sí, era yo, se me había olvidado mencionarle a mi pareja que tenía 12 años -A esa edad estaba en sexto grado de primaria- pero es que él nunca me preguntó.

Nuestra relación no terminó inmediatamente. Al cabo de un tiempo él muy maduramente mandó a decirme con una chica - de su edad- lo siguiente:
- Ernesto dice que ya no es más tu novio, porque ahora él y yo somos novios.

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