
Un placer culposo, según mi sentido común, es algo que te produce satisfacción pero da vergüenza admitirlo públicamente. Ese placer puede ir en contra nuestros propios gusto y atentar contra el concepto que las personas tienen de nosotros. Son cosas consideradas como ordinarias, inmaduras, clichés baratos o cursilerías. Lo bueno es que nadie se escapa de tener un “guilty pleasure” . Cada persona tiene una canción, una película o una maña que le da pena admitir que le gusta. Hombres que ven la novela de la 1pm, un sexagenario que le encanté la changa, ser presidenta del club de fans de un artista que sólo tuvo un éxito musical en su vida, son algunos de los ejemplos que se me vienen a la mente.
Porque sé que no estoy sola en esto, revelaré sólo algunos de mis placeres culposos:
- Me parece muy atractivo Elvis Crespo, lo he confesado a algunas amigas que no logran entender porqué me gusta alguien con el cabello evidentemente planchado, con boca de pato y voz de platanero y la verdad yo tampoco lo entiendo.
- Me calo por lo menos 5 minutos de “Somos tú y yo”. No religiosamente, sólo cuando estoy cambiando de canal y se me atraviesan, pero debo confesar que he visto un episodio completo. Y es que a pesar de que me retuerzo de la pena ajena, me da escalofrío lo sobreactuados que son y lo ridículo de los diálogos, tengo que verlo, quizá tratando de entender ¿Qué gustos tan perversos pueden tener nuestros adolescente para consumir semejante barbaridad?
- Me encanta jugar con mi perra (hasta ahí nada de culposo) pero la envuelvo en una sábana y verla tratar de zafarse me da una risa incontrolable, lo hago una y otra vez hasta que me canso de reír, me resulta lo más cómico del mundo.
Me encantan casi todas las canciones de la primera temporada de Floricienta, a pesar de que ella no tiene suficientes cualidades vocales y canta completamente nasal. ¿Mi favorita? Y así será.
- Hay una golosina que me fascina, se llama Chocmelo, es una chupeta de un tamaño considerable en forma de cabeza de Mickey Mouse, de malvavisco cubierta de chocolate. Entonces imaginen yo, una tipa de 25 años (que ya le dicen señora) comiendo por la calle una paleta con la forma de personaje de comiquita infantil. Pero a veces me armo de valentía y el placer puede más que la vergüenza.
- No concibo otra forma de comer Oreo si no es parando las tapitas y comiendome la crema primero.
- Es incontrolable, mastico pitillos, rompo vasos o cubiertos de plástico con los dientes, hasta que quedan realmente destrozados. Es algo inconciente, y tengo temor de estar en una cita, no darme cuenta y ver el plástico retorcido esparcido en la mesa.
- Cada vez que bajo unas escaleras canto mentalmente la canción del Miss Venezuela.
- Veo por pequeño periodos de tiempo la Hojilla. Cada vez que Mario Silva dice una barbaridad y suenan esas risitas radiorrochelisticas se me revuelven las tripas y lo cambio, luego me ataca la curiosidad y lo vuelvo a poner.
Placeres de un pasado que no quiero recordar
- Era fan de Mercurio (cuando tenía 13 años, vale acotar) un grupete mexicano con un Target adolescente… con éxitos como: Enoradísimo, y mi favorita Cómo Decirle que la Quiero. Las canciones tenían frases o palabras realmente escalofriantes: “estar colado por ti” “estoy como un flan en continuo temblor” “explota ya corazón y pon al tope el motor, da más velocidad que ya te quiero amar” “a la puerta de la escuela me declararé”
- Compré el primer sencillo (1994) como solista de Sergio un ex Menudo , y la única canción que logró pegar fue una versión en español de "Every breath you take" del grupo británico Police, que se llama “Siempre te amaré” la cual cantaba desgargantadamente. Irremediablemente me pregunto “¿En qué estaba pensando?”
Esto sólo fue un preámbulo, una terapia rompehielo para tú también coloques la pena en un bolsillo y te atrevas a confesar ¿cuáles son tus placeres culposos?
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