miércoles, 21 de abril de 2010

Nocturno n° 20


Levantó el banquillo y lo colocó junto a la ventana de su habitación. Hacia tiempo no meditaba ahogado por la rutina. Allí recordó, pensó que había olvidado, que ya no sentía nada, pero su pasado era un monstruo dormido.
Sin poder controlarlo vino a su mente la imagen de una espalda rociada por algunas pecas, el cabello a medio recoger y esa bien conocida silueta en contraluz de su esposa sentada al borde de su cama
Rompió en su olfato el perfume de jazmín imperial con que ella solía impregnar su cuello. Él cerró los ojos para concentrarse y poder sentir la mano de ella deslizándose por las sábanas para alcanzar la suya, rito que su esposa llevaba a cabo cuando quería que él la amara.
Su corazón se aceleraba y reproducía en su mente el Nocturno n° 20 en do sostenido menor de Chopin. Él saboreo una lágrima, luego dos y el ruido de su propio llanto lo hizo volver en sí.
Se había prometido un ayuno de momentos a solas, de silencios prolongados pero su orgullo lo había hecho desistir. Ese día las paredes de su habitación se fracturaron para darle paso a esas imágenes escondidas en su memoria …

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