domingo, 18 de abril de 2010

Una señal indeleble



Hay amistades que te marcan de por vida, literalmente hablando, y Mariana fue una de ellas. Llevo en mi muñeca derecha un recuerdo indeleble de nuestra pueril amistad. Una cicatriz que me hace trasladar a pensamientos, sabores, olores y juegos de aquella edad: 7 años.
Reconozco que Mariana siempre fue más hábil. Yo tenia problemas para coordinar bien mis movimientos, en otras palabras no tan amables, era torpe.
Alguna de las víctimas de esa descoordinación fueron venados, cisnes, perros y elefantes de vidrio que adornaban la sala de la casa de Mariana, la mayoría decapitados o amputados, pero algunos por causas naturales, es decir, por la atracción de aquellos objetos desde mi mano a la tierra … ¡Ey! yo no inventé la fuerza de gravedad.
El tejado también cobró las consecuencias de mi torpeza. Mientras Mariana caminaba como una ligera gacela por el techo de su casa , cada teja que yo pisaba era fracturada por la furia de mis movimientos.
Pero había una cosa en particular que bajo ninguna circunstancia podía ser corrompida: el equipo de sonido, de esos donde el reproductor descansa en un mueble construido con puertas de vidrio grueso para mayor seguridad del aparato, ubicado en la zona preferida de juego, el consentido del señor Hernán, el papá de mi amiga, .

“¿cuánto cabe en 4 centímetros?”

Iniciaré el relato desde el portón entre abierto de mi casa, que me dejaba observar la casa de Mariana. Sin anunciar mi partida salí corriendo a la diversión. Mi amiga me abrió gustosamente la puerta y producto de su creatividad me propuso un juego: agarrarnos de las manos y dar vueltas, lo que sonaba súper divertido ¿cómo podía negarme? Así que fuimos a nuestro lugar de juego favorito.
Recuerdo, como en cámara lenta, la cara de Mariana riéndose a carcajadas al unísono conmigo, y nuestros cabellos ondeantes en aquel remolino humano.
Plin, pun, poff, clin, clin, clin… impactó mi cuerpo contra el vidrio grueso que mantenía (hasta ese momento) protegido el equipo de sonido. Mariana me había soltado de las manos sin previo aviso y la fuerza centrífuga me lanzó justo al aparato consentido del papá de mi amiga, y allí observando todo este episodio, el venado sin cola, el elefante manco, el cisne decapitado y los demás adornos mutilados que reposaban en una mesa de centro.
Recuerdo haber sentido cosquillas en el brazo, pero al verlo pude notar mi muñeca severamente rasgada por un pedazo de vidrio y la sangre que goteaba en el piso.
Lo siguiente fueron primeros auxilios, llamadas a mis padres y un paseo a la Clínica Unare.
¿Cuál fue la reacción del señor Hernán?¿Qué sucedió con Mariana después de este acontecimiento? No lo sé con exactitud, pero aun somos amigas y vecinas. Por lo que mi respecta, obtuve una cicatriz de brazalete que encierra en 4 centímetros un cúmulo de recuerdos y una amistad de infancia.

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