
http://www.flickr.com/photos/rosavbdezv/4076285922/in/pool-delapuertapaentro
Agresivamente azotó las llaves contra el mueble, corrió al cuarto y puso la radio a todo volumen. La consumía la rabia. Descargó su furia en aquel arlequín de porcelana, en el portarretrato familiar, la lámpara tampoco pudo salvar su vida esa noche.
La incontrolable joven luego se lanzó de clavado en la cama para ahorcar a aquella almohada que en muchas oportunidades había sido su confidente y mejor amiga; tampoco el acolchado objeto sobrevivió sino que quedó despedazado sobre el cobertor.
Siguió su rumbo al baño, las lágrimas eufóricas habían corrido su rímel dejando su cara al mejor estilo de un cantante de rock. Se vio en el espejo mientras hiperventilaba, pero aquel jabón fue el arma perfecta para quebrar el reflejo de su imagen. Abrió la botica despedazada buscando algún brebaje mortal mientras lanzaba enjuagues bucales, cepillos de dientes, cremas antiarrugas y un sinfín de cosas que no le servían para su cometido.
Rasgó su ropa de impotencia y se metió a la ducha, abrió el grifo que despedía agua fría a gran velocidad, puso su cabeza justo debajo y se concentró en el ruido que hace el agua cuando nos tapa los oídos.
Salió, cogió la toalla y hacía maromas para no pisar los vidrios rotos ni las cosas derramadas. Parecía que el vital líquido había aplacado totalmente su molestia, de hecho tenía una leve sonrisa en la cara, caminó a la cocina y allí la esperaba su cena prefabricada la cual procedió a internar en el microondas. Abrió la despensa, saludó el café con su aroma, el azúcar inmediatamente detrás y los bajó de su pedestal, junto con su taza de Mickey Mouse: la preferida.
Se sentó como si nada a mirar por la ventana de la sala mientras comía y bebía, al parecer sólo tuvo un mal día.
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